martes, 12 de enero de 2021

Alinear mi proyecto de vida con la organización

Por Andrés Agüero 

Todo en la vida tiene un ritmo determinado.  La voz de nuestra madre, el sonido de las pisadas, el timbre del celular y también nuestra forma de vivir.  Hay personas que se aceleran, otras marchan con mucha lentitud y una gran cantidad se deja llevar por la rutina.

Incontables veces actuamos guiados por la búsqueda del éxito o la felicidad, pero sin haber reflexionado demasiado sobre qué significan esas palabras para nosotros.  Las anhelamos y no nos hemos detenido a pensar cuál es su verdadera esencia y su relación con lo que queremos. 

Por eso, solemos hacer sacrificios personales a favor de nuestros trabajos, los estudios u otras actividades que no siempre nos conducen a donde en realidad queremos llegar.  Es muy probable que nos ocurra esto porque no tenemos bien definido nuestro proyecto de vida.

Darnos una respuesta sincera acerca de lo que de verdad queremos para nuestra vida es una de las primeras cosas que debemos hacer.  Poner este deseo por escrito en algún lugar que revisaremos cada cierto tiempo nos ayudará a recordar cuál es nuestro gran objetivo.  Así será más fácil alinear tomar decisiones que sean favorables para nosotros.

Por otra parte, las organizaciones también tienen sus objetivos grandes e inmediatos, aunque estos no siempre estén escritos o sistematizados.  Por ello, cuando decidimos ser parte de una organización, cualquiera que sea, es importante que sepamos cuáles son y si estos están en sintonía con los nuestros.

En ocasiones nos sentimos incómodos en el lugar de trabajo y es muy probable que esto se deba a que nuestros objetivos personales están contrapuestos con los de la organización.

Sin embargo, si analizamos las cosas en frío y recordamos cuál es nuestro gran objetivo de vida, sabremos si en verdad vale la pena sacrificar nuestro tiempo a cambio de la sensación de seguridad que nos da nuestro empleo actual o si es momento de arriesgarnos y salir a buscar lo que en verdad queremos.

La decisión siempre es difícil y no hay una receta para saber qué hacer en un determinado momento.  Algunas personas aceptarán que no les gusta dónde y cómo trabajan, pero que vale la pena el sacrificio y las ayudará a conseguir su gran objetivo.  Otras decidirán que ya fue suficiente y buscarán otros rumbos.  Lo importante es que decidamos a favor de lo que de verdad queremos.

Creo que la pandemia nos ha enseñado muchas lecciones.  Una de ellas es que la vida es frágil y que si no vivimos ahora quizá mañana ya no podamos realizar el viaje que postergamos, la cena con la familia que dejamos por una clase o la conversación con esa persona que era especial para nosotros.  Hoy es tarde para reunirnos y tendremos que esperar un buen tiempo, pero ¿también es tarde para hacer lo que en verdad anhelamos?

Buena semana.


El poder de las relaciones auténticas: lecciones de Networking estratégico

  Por @Andres Agüero Gonzales Todas las personas, por más tímidas que seamos, tenemos amigos, pocos o muchos, pero los tenemos. A ellos los ...