Por Andrés Agüero
Todo en la vida tiene un ritmo determinado. La voz de nuestra madre, el sonido de las pisadas, el timbre del celular y también nuestra forma de vivir. Hay personas que se aceleran, otras marchan con mucha lentitud y una gran cantidad se deja llevar por la rutina.
Incontables veces actuamos
guiados por la búsqueda del éxito o la felicidad, pero sin haber reflexionado
demasiado sobre qué significan esas palabras para nosotros. Las anhelamos y no nos hemos detenido a
pensar cuál es su verdadera esencia y su relación con lo que queremos.
Por eso, solemos hacer
sacrificios personales a favor de nuestros trabajos, los estudios u otras
actividades que no siempre nos conducen a donde en realidad queremos
llegar. Es muy probable que nos ocurra
esto porque no tenemos bien definido nuestro proyecto de vida.
Darnos una respuesta sincera
acerca de lo que de verdad queremos para nuestra vida es una de las primeras
cosas que debemos hacer. Poner este
deseo por escrito en algún lugar que revisaremos cada cierto tiempo nos ayudará
a recordar cuál es nuestro gran objetivo.
Así será más fácil alinear tomar decisiones que sean favorables para
nosotros.
Por otra parte, las
organizaciones también tienen sus objetivos grandes e inmediatos, aunque estos
no siempre estén escritos o sistematizados.
Por ello, cuando decidimos ser parte de una organización, cualquiera que
sea, es importante que sepamos cuáles son y si estos están en sintonía con los
nuestros.
En ocasiones nos sentimos
incómodos en el lugar de trabajo y es muy probable que esto se deba a que nuestros
objetivos personales están contrapuestos con los de la organización.
Sin embargo, si analizamos las
cosas en frío y recordamos cuál es nuestro gran objetivo de vida, sabremos si
en verdad vale la pena sacrificar nuestro tiempo a cambio de la sensación de seguridad que nos da nuestro empleo actual o si es momento de arriesgarnos y salir
a buscar lo que en verdad queremos.
La decisión siempre es difícil y
no hay una receta para saber qué hacer en un determinado momento. Algunas personas aceptarán que no les gusta dónde
y cómo trabajan, pero que vale la pena el sacrificio y las ayudará a conseguir su gran objetivo. Otras decidirán que ya
fue suficiente y buscarán otros rumbos. Lo
importante es que decidamos a favor de lo que de verdad queremos.
Creo que la pandemia nos ha
enseñado muchas lecciones. Una de ellas
es que la vida es frágil y que si no vivimos ahora quizá mañana ya no podamos
realizar el viaje que postergamos, la cena con la familia que dejamos por una clase
o la conversación con esa persona que era especial para nosotros. Hoy es tarde para reunirnos y tendremos que
esperar un buen tiempo, pero ¿también es tarde para hacer lo que en verdad anhelamos?
Buena semana.

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