Por @Andres Agüero
Gonzales
Todas las
personas, por más tímidas que seamos, tenemos amigos, pocos o muchos, pero los
tenemos. A ellos los hemos escogido muchas veces de manera inconsciente. Por eso, algunas veces nuestras elecciones
han sido acertadas y nuestros amigos suelen durarnos para toda la vida. En
otras ocasiones, claramente nos hemos equivocado (no eran amigos, sino
impostores) y el corazón los ha desechado en la papelera del olvido.
Ahora bien, aunque
suene maquiavélico, quiero plantearles una pregunta: ¿alguna vez hemos pensado
en el valor que tienen nuestros amigos para nosotros? No me refiero a si son
personas adineradas o si pertenecen a un club importante, sino a cuánto aportan
a nuestras vidas. El libro Networking estratégico de Judy Robinett me hizo
reflexionar acerca de esta cuestión.
Creo que los
amigos que he cultivado en esta vida son pocos, pero me son caros, es decir,
queridos, tanto que no los cambiaría. Sin embargo, el libro mencionado aborda
algo más que la amistad; nos invita a cavilar sobre la forma en que
establecemos nuestras relaciones. Una pregunta fundamental que puede hacerse
uno, después de esta lectura, es si nuestro tiempo está bien invertido al
frecuentar a las personas de siempre y si las relaciones que establecemos están
alineadas con nuestros objetivos estratégicos de vida, educación y negocios.
El libro nos
invita a pensar acerca de la cantidad y la calidad de las relaciones que hemos
establecido en nuestras vidas. Otra de las preguntas fundamentales que plantea
la autora es si hemos elaborado un plan para conocer personas que puedan
impactar de manera significativa en nuestras vidas y ayudarnos a lograr
nuestros objetivos. Nos pregunta, además, si utilizamos las estrategias
adecuadas para relacionarnos con esas personas que resultarían claves en
nuestro camino al éxito.
A simple vista
podría pensarse que el libro es una especie de manual para utilizar de manera
efectiva el arribismo, la hipocresía y falta de escrúpulos para ascender
socialmente. Sin embargo, no es así. El
acierto del texto de Robinett es que propone que el motor para cultivar
relaciones interpersonales debe ser el deseo de servir al otro y no en el
beneficio egoísta y a corto plazo.
La autora plantea
que el cultivar relaciones sólidas y fructíferas (que nos brinden beneficios en
el largo plazo) es posible, sobre todo, cuando existe un deseo auténtico de
brindarle valor a las actividades de los otros. Esa es la clave para lograr
conocer a las personas adecuadas, saber qué podemos aportarle al logro de sus
objetivos. Para ello, es fundamental que sepamos cuál es nuestro valor, cómo es
que podemos enriquecer la vida y los proyectos de los otros sin pensar
necesaria e inmediatamente en un beneficio personal.
Por supuesto, el
libro no es un texto bíblico ni de fomento de la caridad, por eso nos recuerda
que todas las acciones que tomemos tienen que estar alineadas con nuestros
objetivos estratégicos. Para
ejemplificar esto plagiaré un ejemplo de César Berrocal, que fue uno de los
excelentes profesores que tuve la fortuna de conocer en la maestría. Él solía
repetirnos: “Recuerden que, si el objetivo de la empresa es vender pitufos
azules, entonces su estrategia y todas sus acciones tienen que estar enfocadas
en vender pitufos azules, no blancos ni morados, solo azules”.
En la misma línea
de la metáfora de César, Judit Robinett nos recuerda que debemos tener en claro
cuáles son nuestros objetivos estratégicos y que el tiempo y el esfuerzo que le
dediquemos a conocer personas tiene que estar alineado con estos objetivos.
Esto último me
obliga a recordar otro aspecto cardinal de las relaciones sociales desde el
enfoque de la autora. Ella sostiene que ampliar nuestra red de contactos no es
una actividad opcional para tener éxito. Por el contrario, es una actividad
obligatoria, ya que facilitará y quizá hasta determine que nuestros proyectos
se realicen y lleguemos al objetivo que nos hemos trazado.
Por último, creo
que una de las reflexiones más profundas que encontré en el libro es que
nuestro tiempo y cada uno de nosotros somos demasiado valiosos para
desperdiciarlo con gente que no nos hará bien y que no nos ayudará a ser
mejores. Eso debe invitarnos a reflexionar si en verdad estamos rodeados de un
círculo que nos va a beneficiar no solo en el ámbito de los negocios, sino
también en crecimiento personal familiar y de autorrealización.
Definitivamente, Judit Robinett le ha dado un nuevo sentido al viejo refrán
“Dime con quién andas y te diré quién eres”.
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