Por Andrés Agüero Gonzales
Hace unos años en una clase de la maestría de la Universidad
Ricardo Palma, el profesor Jorge Aurich nos preguntó qué significaba ser
libres. La primera respuesta que me vino a la mente fue “hacer lo que queremos
sin lastimar a nadie”. Sin embargo, el profesor refutó calmadamente mi
respuesta con otra pregunta “Si hacemos siempre lo que deseamos, ¿en verdad
somos libres o nos hemos convertido en esclavos de nuestros deseos?”.
Esta interrogante ha quedado en mi memoria durante bastante
tiempo porque definir la libertad, así como otros valores grandes como la
felicidad es muy complicado. En el libro ¡Lo quiero! El poder del deseo
mimético en el día a día, Luke Burgis nos presenta una teoría de cómo
funcionan nuestros deseos, cómo podemos gestionarlos para crear círculos
virtuosos y que no se conviertan en fuerzas destructivas.
Dentro de las múltiples y brillantes lecciones que se pueden
sacar del libro, hay una que llamó mi atención. Según el autor, nuestros deseos
están administrados por nuestros valores y si estos guían nuestras decisiones,
entonces estaremos encaminados de manera positiva.
Sin embargo, Burgis sostiene que no es suficiente conocer
nuestros valores, sino que, además, se debe saber cuáles son los más
importantes. Es decir, que es necesario crear una jerarquía entre ellos.
Esto debido a que en la vida real los valores entran en conflicto y saber cuál
es el de mayor jerarquía nos ayudará a tomar las decisiones acertadas.
Por ejemplo, si una empresa tiene como valores la
responsabilidad y la innovación y ha surgido un proyecto novedoso que requiere
el esfuerzo de muchos miembros del equipo, ¿se justificaría una demora en las
fechas de entrega de los productos o servicios a los clientes para sacar
adelante el proyecto? Cada quién tiene su respuesta a esta disyuntiva, pero
optar por innovar primero o cumplir con las fechas de manera no negociable
dependerá de qué valor sea percibido como el más importante.
Es muy probable que tú y la empresa en la que trabajas
conozcan los valores que rigen sus conductas. Sin embargo, es necesario que
tengamos clara cuál es la jerarquía de estos valores, cuál es el más
importante. Así, cuando tengamos un conflicto podremos acudir a esa
pirámide de valores para actuar de manera coherente y no guiados por nuestros
deseos irreflexivos.
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