martes, 27 de febrero de 2024

Tomar decisiones éticas: la importancia de la jerarquía de valores










Por Andrés Agüero Gonzales

Hace unos años en una clase de la maestría de la Universidad Ricardo Palma, el profesor Jorge Aurich nos preguntó qué significaba ser libres. La primera respuesta que me vino a la mente fue “hacer lo que queremos sin lastimar a nadie”. Sin embargo, el profesor refutó calmadamente mi respuesta con otra pregunta “Si hacemos siempre lo que deseamos, ¿en verdad somos libres o nos hemos convertido en esclavos de nuestros deseos?”.

Esta interrogante ha quedado en mi memoria durante bastante tiempo porque definir la libertad, así como otros valores grandes como la felicidad es muy complicado. En el libro ¡Lo quiero! El poder del deseo mimético en el día a día, Luke Burgis nos presenta una teoría de cómo funcionan nuestros deseos, cómo podemos gestionarlos para crear círculos virtuosos y que no se conviertan en fuerzas destructivas.

Dentro de las múltiples y brillantes lecciones que se pueden sacar del libro, hay una que llamó mi atención. Según el autor, nuestros deseos están administrados por nuestros valores y si estos guían nuestras decisiones, entonces estaremos encaminados de manera positiva.

Sin embargo, Burgis sostiene que no es suficiente conocer nuestros valores, sino que, además, se debe saber cuáles son los más importantes.  Es decir, que es necesario crear una jerarquía entre ellos. Esto debido a que en la vida real los valores entran en conflicto y saber cuál es el de mayor jerarquía nos ayudará a tomar las decisiones acertadas.

Por ejemplo, si una empresa tiene como valores la responsabilidad y la innovación y ha surgido un proyecto novedoso que requiere el esfuerzo de muchos miembros del equipo, ¿se justificaría una demora en las fechas de entrega de los productos o servicios a los clientes para sacar adelante el proyecto? Cada quién tiene su respuesta a esta disyuntiva, pero optar por innovar primero o cumplir con las fechas de manera no negociable dependerá de qué valor sea percibido como el más importante.

Es muy probable que tú y la empresa en la que trabajas conozcan los valores que rigen sus conductas. Sin embargo, es necesario que tengamos clara cuál es la jerarquía de estos valores, cuál es el más importante.  Así, cuando tengamos un conflicto podremos acudir a esa pirámide de valores para actuar de manera coherente y no guiados por nuestros deseos irreflexivos.

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