Una de las
peores experiencias que cualquiera ha vivido en la adolescencia es declararse a
una chica y que le digan que no (por supuesto resultará más doloroso si esto ocurre
un 14 de febrero). Esta situación no solo es incómoda para quien sufre el
rechazo, sino también para quien tiene que manifestarlo. El “no” es una de las respuestas más temidas
en nuestra cultura, por eso tratamos de evitarlo a como dé lugar en nuestra vida
cotidiana.
Sin embargo, este
monosílabo tan fácil de pronunciar, irrevocable la mayoría de las veces en un
contexto romántico, no es necesariamente una respuesta final cuando ocurre en el
ámbito organizacional.
En el libro Rompe
la barrera del no, de Chris Voss, el autor explica que un “no” inicial en
una negociación suele ser una manifestación de dos necesidades básicas: la de
estar a salvo y la de tener el control. Cuando nos piden algo y decimos de
manera casi inmediata que “no”, nos instalamos en nuestra normalidad, estamos
seguros de que nada va a cambiar para nosotros y que seguiremos siendo los
dueños de la situación.
Por ello, cuando
un interlocutor insiste en buscar que cambiemos nuestra negativa inicial
utilizando argumentos racionales, nuestra posición suele ser la de aferrarnos a
nuestra resistencia. Esto debido a que intentar cambiar un “no” por un “sí” utilizando
la “lógica”, equivale a que abandonemos nuestro confort y que le cedamos el
control de la situación al otro. Ambas peticiones despiertan nuestros miedos
instintivos más profundos. Por ello, suele ser difícil que escuchemos o cambiemos
si no se utiliza una estrategia adecuada.
Según Chris Voss,
una forma de aprovechar el no inicial es entender que quien lo dice normalmente
desea ser escuchado. Detrás de un no suele haber un conjunto valioso de
información, motivos no racionales ni lógicos, sino casi siempre ligados a emociones
que estamos obligados a averiguar si deseamos convencer a nuestro interlocutor.
He ahí el secreto, la olla al final del arcoíris
que tenemos que aprovechar.
Una forma de
utilizar el no inicial es preguntar los motivos por los cuales esa persona se
ha negado. Es probable que las primeras justificaciones que se manifiesten nos
parezcan poco válidas. Sin embargo, intentar
explicarle por qué su negativa es infundada no es el camino correcto. Por el
contrario, es el peor de los caminos.
Lo que se
sugiere en este momento de la conversación es no intentar invalidar los
argumentos brindados por la otra parte, sino continuar con la indagación
escuchando activamente. Esto se puede
hacer repitiendo de manera resumida lo que la otra persona ha argumentado. Para ello podemos utilizar expresiones como “si
no he entendido mal lo que tú has querido decir es…” o “Lo que me estás queriendo
decir es que…”.
Es necesario que
el resumen que realice tenga como protagonista al otro, sus argumentos, sus
razones. Normalmente cuando se utiliza
esta técnica la otra persona continúa explicándose de manera detallada y se
explaya. Este procedimiento debe realizarse
lentamente y repetirse varias veces con el objetivo de que la otra persona vaya
encontrando por sí misma cuáles son las fallas en su lógica. También resulta útil
ya que usted puede encontrar información valiosa para realizar alguna propuesta
nueva y conveniente.
Así es posible que
su interlocutor poco a poco empiece a realizar concesiones basadas en lo que él
mismo ha descubierto. Sin embargo, usted también podría hacerle notar qué algunos
aspectos de lo que piensa y siente pueden cambiarse sin perjudicarlo, pero esto
debe hacerlo de modo muy sutil, como si él mismo lo estuviera descubriendo. De
esa manera, un no rotundo puede irse convirtiendo en un quizá o incluso en un sí.
Recuerde, en este
proceso de convencer no importa que usted tenga la razón. Usted necesita
descubrir cuál es la emoción que sostiene la negativa del otro e ir desmontando
sus miedos y los sentimientos negativos para poder convencer. Contra lo que nos han enseñado en el colegio,
no convence el más lógico, el más racional, sino aquel que sabe tocar el
corazón, las emociones y los sentimientos del otro.
Coméntanos si alguna
vez has aplicado de manera inconsciente estas estrategias. También te animo a
que nos comentes si crees que estas estrategias pueden funcionar o no en tu
contexto. Todas tus opiniones son enriquecedoras y válidas.
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